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La mujer rural, que alimenta al Ecuador, en el mayor olvido antes y durante la pandemia


Foto: AFP


En el campo, la salud pública pasó de ser deficiente a desaparecer durante la emergencia. Las mujeres rurales –que ya tenían una gran carga laboral– han cuidado a sus enfermos y de la educación de sus hijos. Pero han donado los productos de sus fincas, mientras que el Gobierno ha sido un gran ausente para ellas. El programa Súper Mujer Rural apenas ha entregado ocho créditos. Las brechas en el campo han sido históricas y la pandemia las acentuará, según expertos.


Las brechas en el campo son peores y crecerán


“La pandemia nos ha alejado a todos de las metas y los que íbamos rezagados, como el caso del Ecuador, será peor”, prevé Ney Barrionuevo, director del Centro Latinoamericano para el Desarrollo Rural (Rimisp), en Ecuador. Uno de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, al 2030, es lograr la igualdad entre los géneros y empoderar a todas las mujeres y las niñas, así como asegurar su participación plena en todos los niveles decisorios en la vida económica, política y pública. 


Pero en el caso de las mujeres rurales, las políticas gubernamentales poco han hecho por este sector. El ingreso promedio de las mujeres en el área rural es de 219 dólares; mientras que el de los hombres es 293 dólares. El 14,2 % de mujeres del área rural es analfabeto; los hombres representan el 10,3%. “En el caso particular de la mujer rural no importa qué indicador económico social se trate, su situación es peor”, afirma Barrionuevo.


Rimisp ha hecho estudios enfocados en la mujer rural, pero sobre todo en las jóvenes. Encontró que los hombres y mujeres jóvenes de zonas urbanas son los menos afectados por la pobreza, pero sus pares rurales llegan a niveles de pobreza sobre el 30%. Entre hombres y mujeres jóvenes rurales se observa la mayor brecha de género en cuanto a la pobreza. Según el estudio, esta es cuatro veces mayor que la observada a nivel nacional y 2,6 veces mayor que entre hombres y mujeres jóvenes urbanos. Entre todos los grupos de mujeres, las indígenas son las más afectadas por la pobreza siendo más del doble que el promedio nacional, y al menos 3 veces mayor que en las jóvenes urbanas.


En otro estudio de esa misma organización se detalla que al desagregar la probabilidad de embarazo a los 19 años por área de residencia, las jóvenes del área rural tienen 14% de probabilidades versus 11% en el caso de las jóvenes urbanas. En el campo, se estima que al menos un 37% de las mujeres se embarazan en su primer encuentro, 7 puntos porcentuales más que las jóvenes urbanas.


“Nosotros decimos que en nuestro país la pobreza tiene rostro rural, rostro de mujer, de mujer joven y además de mujer joven indígena”, dice Barrionuevo. Manifiesta que la pobreza rural a diciembre de 2019 fue del 41,8%, mientras que en diciembre de 2014 fue del 35%. “Ya había un incremento sustancial y es probable que con una caída del PIB tengamos niveles de pobreza rural del 60% a finales de año, es decir el mismo nivel que en el 2006”. Pero si de desigualdad se trata, el acceso a las tierras y a los créditos tiene su propia historia.


Fuente: Plan V


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